"La posesión..."
Morthal, jueves 14 de julio de 2013, noche tranquila en la
localidad. La familia Spencer festeja el cumpleaños 12 de su hija Mia, como
todos los años su padre se encarga del los regalos y su madre con la
organización.
Esa misma noche la ausencia de su abuela los preocupó a todos debido a que siempre estaba presente pero supusieron que llegaría más tarde. Al día siguiente, la familia se preguntó por la abuela ya que no recibieron ninguna llamada para felicitar a Mía. Pasadas unas horas el teléfono sonó, era del Asilo, informando sobre la desaparición de Ruperta Remsi, la abuela de Mía.
Esa misma noche la ausencia de su abuela los preocupó a todos debido a que siempre estaba presente pero supusieron que llegaría más tarde. Al día siguiente, la familia se preguntó por la abuela ya que no recibieron ninguna llamada para felicitar a Mía. Pasadas unas horas el teléfono sonó, era del Asilo, informando sobre la desaparición de Ruperta Remsi, la abuela de Mía.
La familia desesperada sale en busca de Ruperta dirigiéndose
primero al Asilo en busca de una mejor explicación. Sólo le dijeron que cuando iban
a darle el remedio de la una ya no estaba en su habitación. Sin más, se dirigieron a la antigua casa de
la abuela, ubicada a las afueras de la ciudad, por si acaso estuviera allí.
Al llegar sólo encuentran polvo, suciedad y poco más. En
vano regresan a su hogar donde dan aviso a la policía, de inmediato las
autoridades no tardan en salir en busca de Ruperta.
La familia recibe una llamada pasada unas horas informándoles de que su abuela fue hallada junto a la banquina murmurando palabras y que fue llevada de inmediato al hospital.
La familia recibe una llamada pasada unas horas informándoles de que su abuela fue hallada junto a la banquina murmurando palabras y que fue llevada de inmediato al hospital.
A su llegada se les informa de que Ruperta no presentaba
síntomas de alguna enfermedad o trastorno psicológico y que lo sucedido fue una
pérdida de conocimiento dada su edad que se controla con una serie de pastillas
que les dieron allí.
La familia, un poco más tranquila, decide llevarse a Ruperta
a vivir a su casa debido a que no
confiaban en la seguridad del Asilo donde se hospedaba y disponían de un cuarto
para ella. Decidieron no agobiarla con preguntas tan deprisa acerca de lo sucedido
y dejarla descansar unas horas.
Cinco días después del incidente la actitud de la abuela
empezó a ser extraña, porque hablaba muy poco y cuando lo hacía insultaba a cualquier
miembro de la familia. Deciden llamar a un psicólogo para tratar de averiguar
que le sucedía, si era por el cambio de casa o si había algo que le disgustaba.
A la llegada y encuentro con el profesional, el doctor pide estar a solas con
la paciente para así entrar en confianza. Pasadas unas horas y sin decir ni una
palabra de lo que le sucedía, Ruperta se abalanza con una descomunal furia,
golpeando a la persona con suficiente fuerza para dejarlo inconsciente. Ante
tal fuerte ruido, la familia corrió al cuarto donde se encontraban los dos,
descubriendo que el doctor se encontraba descompensado en el suelo y Ruperta arrinconada
en una esquina de la habitación, diciendo un tipo de oración: “Santa Madre, Santa Madre, envíame tus hijos pues los
pecados de los indignos deberán purgarse en un bautizo de sangre y sufrimiento”
La
familia despidió al psicólogo pidiéndole disculpas por el comportamiento
inesperado de Ruperta. Sin otra opción, decidieron internarla en un hospital
psiquiátrico pensando en que así podrían acabar con su locura.
Esa
misma noche, con el reloj marcando las 4 de la mañana, llamaron a la puerta del
hogar. El padre de la familia bajó para atender el llamado. Al abrir la puerta,
se llevó la sorpresa de que nadie se encontraba allí. En ese momento, se
levantó un fuerte ventarrón que sacudió todo el interior de la casa. Tal
sacudida despertó a los familiares que bajaron en busca del padre. Al verlo
tendido en el piso, intentaron reanimarlo de algún modo cuando se percatan de
que, el ventarrón que arrasaba con todo, se calma de repente dejando un
silencio inquietante. Con la luz de la luna alumbrando como nunca, una sombra
se reflejada por la puerta acompañada de la suave oración: “Santa Madre, Santa Madre, envíame tus hijos pues los
pecados de los indignos deberán purgarse en un bautizo de sangre y sufrimiento”
Comprendiendo de quién es la sombra, la madre ordena a su
hijo que trate de cargar a su padre y buscan la forma de escapar de la casa
ilesos, sabiendo que la sombra misteriosa era la abuela Ruperta que había tomado
una forma demoníaca sin dejar de repetir la esquizofrénica frase.
En un repentino grito la casa comienza a arder, con la casa
incendiada y la familia encerrada por las llamas, fue muy fácil destruir a toda
la familia completa.
Luego de una descomunal sangría, los bomberos y distintas
autoridades llegan al lugar, ya con el fuego consumido, se adentran dentro de
la casa para inspeccionar si quedaba alguien con vida.
Sin explicación, encuentran a la abuela Ruperta asustada,
acorralada en un rincón. Siendo la única superviviente, tratan de descifrar que
le pasó al resto de la familia. Haciendo algunas hipótesis, dicen que tal vez un
posible ajuste de cuentas, llevó al secuestro de la familia, dejándola a ella
sola en la casa y produciendo el incendio.
Sin más, la anciana es trasladada al hospital principal de
la ciudad. Con una mirada desafiante y llena de odio, comenzó a repetir su
característica oración: “Santa Madre,
Santa Madre, envíame tus hijos pues los pecados de los indignos deberán purgarse en
un bautizo de sangre y sufrimiento”……
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