martes, 20 de agosto de 2013

Edición propia - Belis, Roca, Seghetta: "La posesión..."

"La posesión..."

Morthal, jueves 14 de julio de 2013, noche tranquila en la localidad. La familia Spencer festeja el cumpleaños 12 de su hija Mia, como todos los años su padre se encarga del los regalos y su madre con la organización.
Esa misma noche la ausencia de su abuela los preocupó a todos debido a que siempre estaba presente pero supusieron que llegaría más tarde. Al día siguiente, la familia se preguntó por la abuela ya que no recibieron ninguna llamada para felicitar a Mía. Pasadas unas horas el teléfono sonó, era del Asilo, informando sobre la desaparición de Ruperta Remsi, la abuela de Mía.
La familia desesperada sale en busca de Ruperta dirigiéndose primero al Asilo en busca de una mejor explicación. Sólo le dijeron que cuando iban a darle el remedio de la una ya no estaba en su habitación.  Sin más, se dirigieron a la antigua casa de la abuela, ubicada a las afueras de la ciudad, por si acaso estuviera allí.
Al llegar sólo encuentran polvo, suciedad y poco más. En vano regresan a su hogar donde dan aviso a la policía, de inmediato las autoridades no tardan en salir en busca de Ruperta.
La familia recibe una llamada pasada unas horas informándoles de que su abuela fue hallada junto a la banquina murmurando palabras y que fue llevada de inmediato al hospital.
A su llegada se les informa de que Ruperta no presentaba síntomas de alguna enfermedad o trastorno psicológico y que lo sucedido fue una pérdida de conocimiento dada su edad que se controla con una serie de pastillas que les dieron allí.
La familia, un poco más tranquila, decide llevarse a Ruperta a vivir  a su casa debido a que no confiaban en la seguridad del Asilo donde se hospedaba y disponían de un cuarto para ella. Decidieron no agobiarla con preguntas tan deprisa acerca de lo sucedido y dejarla descansar unas horas.
Cinco días después del incidente la actitud de la abuela empezó a ser extraña, porque hablaba muy poco y cuando lo hacía insultaba a cualquier miembro de la familia. Deciden llamar a un psicólogo para tratar de averiguar que le sucedía, si era por el cambio de casa o si había algo que le disgustaba. A la llegada y encuentro con el profesional, el doctor pide estar a solas con la paciente para así entrar en confianza. Pasadas unas horas y sin decir ni una palabra de lo que le sucedía, Ruperta se abalanza con una descomunal furia, golpeando a la persona con suficiente fuerza para dejarlo inconsciente. Ante tal fuerte ruido, la familia corrió al cuarto donde se encontraban los dos, descubriendo que el doctor se encontraba descompensado en el suelo y Ruperta arrinconada en una esquina de la habitación, diciendo un tipo de oración: “Santa Madre, Santa Madre, envíame tus hijos pues los pecados de los indignos deberán purgarse en un bautizo de sangre y sufrimiento”
La familia despidió al psicólogo pidiéndole disculpas por el comportamiento inesperado de Ruperta. Sin otra opción, decidieron internarla en un hospital psiquiátrico pensando en que así podrían acabar con su locura.
Esa misma noche, con el reloj marcando las 4 de la mañana, llamaron a la puerta del hogar. El padre de la familia bajó para atender el llamado. Al abrir la puerta, se llevó la sorpresa de que nadie se encontraba allí. En ese momento, se levantó un fuerte ventarrón que sacudió todo el interior de la casa. Tal sacudida despertó a los familiares que bajaron en busca del padre. Al verlo tendido en el piso, intentaron reanimarlo de algún modo cuando se percatan de que, el ventarrón que arrasaba con todo, se calma de repente dejando un silencio inquietante. Con la luz de la luna alumbrando como nunca, una sombra se reflejada por la puerta acompañada de la suave oración: “Santa Madre, Santa Madre, envíame tus hijos pues los pecados de los indignos deberán purgarse en un bautizo de sangre y sufrimiento”
Comprendiendo de quién es la sombra, la madre ordena a su hijo que trate de cargar a su padre y buscan la forma de escapar de la casa ilesos, sabiendo que la sombra misteriosa era la abuela Ruperta que había tomado una forma demoníaca sin dejar de repetir la esquizofrénica frase.
En un repentino grito la casa comienza a arder, con la casa incendiada y la familia encerrada por las llamas, fue muy fácil destruir a toda la familia completa.
Luego de una descomunal sangría, los bomberos y distintas autoridades llegan al lugar, ya con el fuego consumido, se adentran dentro de la casa para inspeccionar si quedaba alguien con vida.
Sin explicación, encuentran a la abuela Ruperta asustada, acorralada en un rincón. Siendo la única superviviente, tratan de descifrar que le pasó al resto de la familia. Haciendo algunas hipótesis, dicen que tal vez un posible ajuste de cuentas, llevó al secuestro de la familia, dejándola a ella sola en la casa y produciendo el incendio.


Sin más, la anciana es trasladada al hospital principal de la ciudad. Con una mirada desafiante y llena de odio, comenzó a repetir su característica oración: “Santa Madre, Santa Madre, envíame tus hijos pues los pecados de los indignos deberán purgarse en un bautizo de sangre y sufrimiento”……

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